lunes, 27 de enero de 2014

Ilusión por ganar

Una mañana de Junio del 2001, cuando muchos deportistas con sonrisas en sus rostros, se dieron cita a las instalaciones de la Federación Deportiva de Cotopaxi, los entrenadores ya querían que inicie el interescolar de salto alto, disciplina de atletismo que gusta a muchas personas.

Los organizadores no hicieron esperar y una voz dijo que comiencen a calentar los atletas, con esa voz los nervios invadían mi mente, pero a su vez las ansias de competir, todos los espectadores me miraban con una mirada burlona, ya que yo era uno de los más pequeños participantes, eso me ponía aun más nervioso.

Están como alrededor de 15 participantes de las diferentes escuelas de la ciudad de Latacunga, vistiendo con un color verde, representando a la escuela Isidro Ayora, salgo hacer mis movimientos de calentamiento, que los trotes que las estiradas y como no el tradicional arco, que es una posición de manos y pies en el piso pero la barriga alzada al cielo, esto sirve para estirar la espalda me dijo mi entrenador, que por cierto es mi padre.

Todo estaba listo, el organizador solo tenía que decir los nombres de los que tenían que saltar, ponen la vara en una altura de 1,10 metros, como podre pasar esto si soy un “chuso” de 1,30 pienso; para mí buena suerte soy el quinto participante, tiempo para concentrarme.

Los cuatro primeros pasaron sin problema, es mi turno, respiro miro la distancia, respiro otra vez, salgo corriendo hacia mi objetivo, y salto cerrando los ojos no sé ni que paso por mi mente pero cuando abrí mis ojos estaba al otro lado de la vara y no la había tocado, con una sonrisa agradecí por lo hecho, era un logro para mí, eso no le pareció a mi entrenador, ya que con una carcajada me dijo, “esto recién comienza”.

Transcurrían los minutos y el sol se posicionaba en la cúspide, mi frente brillaba por el sudor de los nervios en cada salto, en esta disciplina mientras sigues saltando la vara sin votarla aumentan la altura, pues bien transcurrían los saltos y muchos de los participantes fueron eliminados, algunos asistentes no podían creer que yo con ese porte aun pueda estar en competencia.

Para sorpresa de todos, solo quedaron dos participantes, uno de ellos era yo, yo ya estaba más que satisfecho por lo que ya había logrado, nos encontrábamos en una altura de 1 metro 23 centímetros, escucho unos susurros diciendo, “aquí se le acabo la suerte a este muchacho, pero llego lejos”, no me importa recuerdo en mi mente lo que me decían mis padres, que tengo que divertirme en todo lo que haga.

El otro competidor tumba la vara en el primer intento, entonces con más nervios aun voy a la línea de partida, y comienza mi carrera, creo los nervios me traicionaron porque salte tan mal que caí tan mal, que lo hice encima de la vara, hay ese dolor en la espalda que le deja a uno sin aliento, aparte un poco de vergüenza ya que algunas personas se están riendo, hasta mi propio contrincante lo noto un poco burlo, pensando en que esto ha sido todo me voy a sentar esperando mi segundo turno de los tres que se da en esta competencia, es turno de mi rival, prende su carrera, salta con todas sus fuerzas, y no logra pasar la vara, el entrenador se me acerca, y con unas palmaditas en la espalda me dice, “tu puedes todo lo que te propongas, solo tente fé”, eso prendió mi autoestima por los cielos, y con muchas ganas me paro frente a la línea que marque para mi salida, miro fijamente a la vara que pocos segundos antes me causo un dolor en la espalda, y respirando tres veces salgo con paso firme a mi objetivo, salto con grito y aparezco en la colchoneta, sin topar la vara, lo logre salte de la emoción.

Para esto mi contrincante acabo con sus tres intentos sin lograr pasar esa altura, lo había logrado, campeón de ese campeonato tan anhelado por mí, pero regreso a ver a mi padre, y me dice “ahora comienza lo bueno”, no lo entendí al comienzo, los organizadores ponen la altura en 1 metro 25 centímetros, y ese señor con la cabeza de nieve, grita “este es el record interescolar de la ciudad de Latacunga”, en mi cabeza tenía una voz diciendo esta marca la puso mi hermano, no lo puedo creer, pero lo voy a intentar, y en el primer intento, logro pasar esta altura.

Para esto ya existían más personas en las instalaciones mirando que el pequeño estaba logrando algo que era casi imposible, es cuando por fin entendí las palabras de mi padre, este es mi verdadero objetivo, tratar de romper el record que impuso mi hermano, que por cierto como mi hermano esta en el colegio no va a venir, y me preguntan si quiero alzar la vara a 1 metro 27 o a 1 metro 28 centímetros, y cuando iba a responder, una voz en mi espalda me dice 1 metro 28, mi mirada de asombro regresa a ver, y lo que veo es que mi hermano pudo asistir a este evento, diciéndome “ñaño vos puedes, eso nos es nada para voz, dale”, creo que se me salió una lagrima, creo que nunca había respirado tan fuerte como hasta ahora, no lo pensé dos veces pido la altura de 1,28 y me pongo en mi señal, respiro tres veces antes de lanzarme en mi partida, y con el primer paso tuve la certeza que lo iba a lograr, el último impulso con mi pierna izquierda fue con todas las ganas de ganar, en el aire pienso que lo hice mal, cierro mis ojos para no ver el desenlace de este salto, y para mi mayor satisfacción aparezco en la colchoneta y la vara ni se movía, lo logré, no lo puedo creer, corro abrazar a mis padres y a mi hermano, con brillo en los ojos les dio gracias a ellos.

Todo los asistentes aplauden mi participación, y el viejito grito, “tenemos un nuevo record en Latacunga, pertenece a Diego Mogro estudiante de la escuela Isidro Ayora”, no lo puedo creer muchas de esas personas preguntan que como lo hice, pero les digo que ni yo sé cómo, lo único que sé es que entrené todos los días para lograr esto, y que con las palabras de aliento y con fé todo se puede, hasta lo que ustedes pensaban imposible.

Al fin en mi cuello estaba la preciada dorada que por muchos años estuve esperando, y que siempre voy a recordar, como uno de mis logros más admirables

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